DERRIBAR PARA CONSTRUIR

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El festival Microfest se ha posicionado como una de las apuestas más vanguardistas de la ciudad. Otros te lo pueden calificar como raro, excéntrico, tal vez, en el perfil menos hiriente, extraño, pero te he de confesar que es uno de los mejores eventos de la ciudad. Acudir ante la expectación de los desconocido y siempre bajo la premisa de cuidar el lenguaje poético e incorporarlo a la musica.

En esta ocasión el núcleo duro de las actuaciones se realizó en la sala Genius del bar Bendita Ruina, en un horario meriendacena pero que a pesar de su entrehoras estuvo repleto de publico desde su arranque.

La primera de las actuaciones estuvo producida por gente de la ciudad, Héctor Castellanos y Víctor Vallés, fueron interpretando una mezcla de poesía, musica y performance. Iban apoyando con elementos sonoros como las maracas o los platillos distintas frases o versos, para crear cierto vinculo, generando al espectador una duda o reflexión. Entre los poemas versados escuchamos “Respirar en lo oscuro”, “La canción de los latidos” o “Disparatado”. Un espectáculo en el que siempre se mostraron buscando el lado amable de la vida, auténticos partidarios y defensores del mismo.

Tras este arranque de festival vino Lucia Camón y Alfonso Kint. Un show con un perfil más tranquilo que la anterior actuación. Guitarra y poesía, unas guitarras con sonoridades del rock progresivo a las que fueron incorporando pequeñas bases para completar un espectro sonoro similar a la de estar en un bar de carretera de Estados Unidos. “Soy de plastilina”, decía Lucía Camón, soy maleable parecía la reflexión y  de ello, de las conclusiones sobre el día a día fueron creando el concierto. Las dudas y quehaceres de nuestra existencia. Los problemas del primer mundo. Lucia Camón en un momento dado se elevó y arrancó a bailar, de forma quizá ortopédica, pero efectiva e hipnotizante.

La actuación mas establecida dentro de los cánones musicales fue Fonosträbico. Un perfil entre lo visual y lo sonoro. Provocó un relax, una reflexión entre los espectadores. Electrónica pura y dura, capas de sintetizadores planeadores cubrieron la sala. Adelantaron varias horas la jornada de reflexión. Se pudieron observar imágenes de la masa diluida, patrones en los que el artista fue plasmando el reflejo de las personas y su deconstrucción conforme a la repetición o el reflejo. Tal vez un guiño a la siguiente a actuación.

Esto que viene ahora, el resumen de la performance de Los Torreznos, merecería ocupar todo el periódico completo, incluyendo la sección del horóscopo, pero por motivos que tanto yo como la dirección desconoce queda resumido al mismo espacio que el resto de participantes. Tal vez esto sea otra de las consecuencias de vivir en democracia. Pero ya puedo decir que yo vi a Los Torreznos. Combo de performance que presento el espectáculo “Noche electoral”. Una autentica maravilla. Provocaron una carcajada continua durante su actuación. Dijeron que la vida son decisiones y ellos un día tomaron la de interpretar la performance con los ojos cerrados, por eso la noche electoral, no por temas políticos. Aunque sí que es cierto que se basan en conceptos y nombres muy vinculados al mundo político, los cuales repiten y retuercen hasta que pierden su sentido. Monjamónjamón. Franco franco franco. En cuanto se subieron al escenario fueron preguntando el nombre a varios espectadores y los incorporaron a su discurso, en el cual no pararon de repetir que ellos eran Los Torreznos, para marcar el surco, la critica soterrada, venían a decir que lo importante no son los actos sino quien los realiza. A mi dame movimiento pero no me digas por qué te mueves. Además, conforme iban repitiendo las palabras, y a fuerza ello generar una discusión trascendental, gesticulaban de tal forma que parecían dibujar y modular las palabras. Trosky tiene forma de círculo y Mandela se asemeja a una linea horizontal. Lo repito, muchas risas, y una actuación digna de recordar. Un broche inmejorable para esta nueva edición del Microfest. ¡Kropotkiiin! ¡Kropotkiiiin!

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